Debate: El papel social de la arquitectura

 

Breve e interesante reflexión de dos voluntarios de ASF sobre la evolución de la profesión y el potencial de la arquitectura en la promoción y defensa del derecho a la habitabilidad.                                       


Sociedad banal, arquitectura banal

Carlos, Cámara, voluntario de ASF

Mucho se habla hoy acerca de arquitectos que parecen más estrellas de rock que profesionales de la construcción, de ciudades que olvidan las necesidades reales de sus habitantes en pos de crear una determinada imagen de marca; de políticos que eligen a dedo a arquitectos de renombre para que hagan lo que deseen y al precio que sea. En la carrera por el “todo vale si es para quedar grabados para la posteridad” se está reduciendo la función de la arquitectura a simple herramienta donde el arquitecto es a la vez objeto de culto e instrumento.
Nunca como ahora se había dado este fenómeno tan exagerado de “divismo”, aunque es comprensible en una sociedad donde prima más el “parecer” que el “ser”. Lo que importa es parecer un gran maestro para convertirse en ídolo, sin preocuparse apenas de hacer buenos proyectos. En tiempos de la hipocresía de lo políticamente correcto la crítica negativa es apenas audible, y sin crítica es difícil entender la arquitectura.
También solo en una sociedad en la que la apariencia y el aspecto van por delante del interior puede comprenderse que los arquitectos se reduzcan a simples diseñadores de fachadas y las ciudades se sometan a infinidad de pequeñas intervenciones de cirugía estética para estar más guapas y parecer más sanas en lugar de operarse de los males endémicos que la afectan, como el éxodo de la clase media y la formación de ghettos. Esta superficialidad es la que genera una arquitectura vacía de contenido que en el mejor de los casos creará bonitas esculturas y en otros, pesadas condenas para sus habitantes.
Solo en una sociedad cegada por el dinero y el egoísmo, se puede olvidar que las personas habitamos espacios, no metros cuadrados y lo que debería ser un derecho universal se reduce a simples números. Negocios.
Cuando las recompensas inmediatas se convierten en fines por sí mismos, cuando nosotros mismos nos perdemos el respeto, la arquitectura se convierte en herramienta y se vuelve banal, y los arquitectos en mera firma.

(Puedes ver el artículo completo en http://carloscamara.es/blog/2007/02/12/sociedad-banal-arquitectura-banal/ )

 

Arquitectura y urbanismo en la cooperación internacional

Javier Cidón, voluntario de ASF

Muchos de los problemas más acuciantes del mundo - la pobreza, las catástrofes naturales, el aumento vertiginoso de los precios de los alimentos y el combustible - tienen vínculos importantes con el rápido crecimiento urbanístico. La urbanización cambia para siempre la manera en que utilizamos la tierra, el agua y la energía. Bien hecha, puede dar opciones a la gente y ayudarla a prosperar. De lo contrario, disminuye la seguridad, depreda el medio ambiente y agrava la marginación de quienes ya padecen y están excluidos, como recordaba el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, en una Carta publicada el Día Internacional del Hábitat de 2008.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio llaman a mejorar considerablemente las vidas de por lo menos 100 millones de moradores de tugurios para el año 2020. En 2005, algo más de una tercera parte de la población urbana de las regiones en desarrollo vivía en barrios marginales. En el África Subsahariana, la proporción superaba el 60%, por lo que harán falta grandes inversiones para proporcionar acceso al agua, saneamiento, viviendas duraderas o suficiente espacio vital.

Habitabilidad básica es la que colma las necesidades esenciales de cobijo que tenemos todas las personas. Su satisfacción requiere, pues, que se cubran las urgencias residenciales: no sólo las que conciernen a la mera vivienda, sino también a los espacios públicos, infraestructuras y servicios elementales que constituyen, en conjunto, un entorno externo propicio para la vida. Tales condiciones de habitabilidad definen su nivel mínimo, cuya satisfacción es condición sine qua non para lograr progresivamente la vida digna y, con ella, el pleno desarrollo de las capacidades que albergan comunidades e individuos, según establece el Instituto de Habitabilidad Básica.

La arquitectura tiene un indudable potencial social que la hace imprescindible al abordar cualquier estrategia de desarrollo. De forma voluntaria o profesional, los arquitectos involucrados de una u otra manera en estos procesos aportan a la profesión una vertiente fundamental, donde la Arquitectura cumple uno de sus principales objetivos: conseguir mejorar la calidad de vida de la gente, mediante la mejora de su hábitat.

 

 

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